Lisas o rayadas

Amaneció según lo previsto. Apareció (que no salió, la que da vueltas alrededor es la Tierra y no el Sol pequeños Ptolomaicos) el Sol por el este tres horas y media antes que en España. Viernes 16 de octubre. Otro día soleado en India, pa variar.

Nos despertamos y acordamos ducharnos, vestirnos y pirarnos del hostal. Ni chai ni leches. Cruzarnos con uno de los secuaces de Ali Baba es lo que menos nos apetece ahora.

Mientras Santi se ducha, alguien intenta abrir la puerta de la habitación, pero el pestillo está echado. Sule se queda mirando a la puerta cual conejo en mitad de la noche observando los focos del coche que le va a pasar por encima. No hace nada, se queda inmóvil. El aporreo se detiene.

Con las mochilas a la espalda y todo preparado para irnos abrimos la puerta de la habitación esperando encontrarnos a alguien, pero no se oye nada, el hall está desierto. Bien. Caminamos hacia la puerta que da acceso a las escaleras para dirigirnos hacia la salida y largarnos de una vez.

Está cerrada. Nuestras miradas se cruzan. Intranquilos y con el nivel de desconfianza al máximo barajamos ideas. “Igual podemos salir por el balcón”.

Nos acercamos a comprobar la plausibilidad del salto pero nada, unos 3 ó 4 metros nos separan del suelo y ninguno de los dos hacemos parkour. Opción desechada.

Decidimos llamar a Ram, el botones, que con suerte no estará en comisaría, para que nos abra la puerta. Llamamos pero no hay respuesta.

Lo intentamos entonces con Saleem, el que nos acogió, y él sí responde, se encuentra en el roof top del hostal y baja a abrirnos.

Con su inmensa sonrisa de cínico nos abre la puerta y nos dice que creía que no había nadie dentro. ¿Cómo no va a haber nadie dentro si la puerta solo se puede cerrar desde dentro? -pensamos-. Le decimos que nos marchamos, que tenemos un bus que coger, Pushkar nos espera. Nos acompaña amablemente a la puerta y nos despedimos. No opone mucha resistencia, está feliz de que nos larguemos; sabe que sabemos más de la cuenta. Adiós Saleem, adiós ladrones, adiós gente rara.

Una vez más a salvo. Callamos durante un rato pero al poco tiempo nos empezamos a reír y empezamos a compartir todas las teorías e historias que se nos habían pasado por la cabeza. Historias que tan reales te parecen cuando estás metido en el ajo y tan descabelladas cuando estás completamente a salvo.

Llegamos a Pushkar sobre las cinco de la tarde. Levantamos la cabeza y vemos un cartel de una de las guesthouse que habíamos mirado en la Lonely Planet. Milk Man Guesthouse, algo así como “El Hostal del Lechero”. Vemos delante de nosotros a una pareja de mochileros que parecen dirigirse también hacia allí y les seguimos.

Vemos una habitación que tiene buena pinta y nos dice que son 250 rupias la noche. Intentamos negociar unas 600 rupias por 3 noches pero el tío no cede, parece un paisano legal y tienen el precio fijado. ¡Nos quedamos!

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Salón común delante de nuestra habitación.

Y en Pushkar nos quedamos hasta el martes. Nuestro plan inicial era estar 2 noches en ese pueblo que tampoco tenía demasiadas cosas que ofrecer, pero la tranquilidad y la buena gente que conocimos allí, sumado a que el hostal tenía un precio realmente bueno nos hizo quedarnos 4 noches. Ventajas de viajar con flexibilidad 200%. Haciendo el camino on the go que se dice. Que léxico por favor, que vocablos os dejamos ahí, for free, para que hagáis uso de ellos en el examen del First o del Advanced, o del IELTS o el TOEFL para los mas internationals.

Lo dicho, Pushkar tampoco tiene mucho, pero ofrece algo que escasea en India, tranquilidad. Los vendedores parece que te escuchan y todo cuando dices “no, thanks“. Las motos pitan, evidentemente, si no no seria India. Pero hay mucho menos tráfico y casi no hay tuk-tuks, cosa lógica al tratarse de un pueblo pequeño, pero muy bienvenida. Es el lugar donde más vacas hemos visto hasta ahora eso sí, más que en la fábrica de la Central. La calle es como un campo de minas blandas, marrones y grandes que no explotan, pero tampoco agrada mucho detonar, por más que los lugareños te digan “good luck for you my friend”. Cuando ya llevas pisadas tres no sé yo si la suerte se habrá contrarrestado o algo.

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La vaca creo que está interesada por las camisas.

La pringada del día, que luego compensaría gracias a sus dotes innatas de negociador, fue para Santi.

En Pushkar hay muchas Ghats, que son como escaleras de acceso al lago sagrado para los Hindúes. Muy bonitas, muy blancas y muy llenas de mierda como la gran mayoría de sitios comunes en India. Nos dirigimos a ellas para ver ese famoso lago (un embalse más sucio que cagar de pie) y, pobre de nosotros, caemos en la trampa. Vemos acercarse a gente muy maja y sonriente con una florecilla en la mano. Nos dicen que la dejemos en el lago, que es sólo eso y que luego good luck y todos esos rollos. Sule no está muy convencido pero Santi quiere darles un voto de confianza y accede a ir al lago a tirar la flor. Entonces una especie de cura místico nos guía hasta el lago, nos dice que pongamos las manos en forma de cuenco y nos pone la flor ahí. Otra vez, sí. No sé cómo lo hacen, ni Copperfield oiga. Nos empieza a soltar un rollazo de nombres que tienes que repetir según los va diciendo. Tiramos la flor, nos echa pétalos y nosequemimadre más y volvemos a hacer lo mismo. ¡Menudo coñazo! Pero bueno, será un ritual ancestral y allá donde fueres haz lo que vieres. O al menos respeta.

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La puesta de sol desde el sagradísimo lago.

Y llegados a este punto es donde nos empieza a dejar caer que la gente hace donaciones, de 500 rupias o así (ojito a la cifra, no sabe ni na el cura esti), porque claro es un lugar sagraaado y todo eso… A ver si ibais a pensar que el lago sagrado también da de comer, ya bastante da, que después de tirar la flor, los pétalos y el coco, ya tienes “Good job, good family, good wife, good health…” ¡¡Seguro!!

El caso, que cuando yo, Santi, le digo que no que no tengo pensado dar nada (cuando me puso el coco en la mano ahí ya dije quieto parao, porque si tira esto ya me sentiré en deuda de pagar el coco al menos) el tío se empieza a poner tenso. Al final cedo y le digo que vale, 30 rupias. Y el paisano lo flipa: “30 rupiiss?? this an insult, this sacred place!!” y me suelta que tengo que dar 100 rupias por cada miembro de mi familia.

Le digo que me piro y me levanto para irme, entonces el tío lo piensa mejor y me dice que si venga, que deje las 30 rupias.

Sule, en cambio, no suelta ni una rupia (no llevaba tampoco nada encima así que fue fácil oponerse, que no se cuelgue medallitas). El tipo le dice que todo el mundo paga, que es necesario para el milagro, para aquello del good family, good job, que es una donación. Espera, espera, espera. ¿Necesario y donación? Una donación es voluntaria. Además, que si de verdad fuera un milagro divino, ¿qué tiene que ver el dinero? ¿A caso Shiva se lleva una comisión? Nosotros respetamos todas las culturas, pero que empiecen a respetar ellos la suya propia.

A parte de eso, Pushkar es paz, tranquilidad, mierda de vaca y puestos de ropa a cascoporro. Un sitio así en mitad de la India es un paraíso. Posiblemente, si alguien llega siendo su primera parada diga que es un alboroto, pero pasar primero por Delhi y luego por Jaipur, convierte a este pueblo de 15000 habitantes en el lugar perfecto para descansar, tomarse un par de cervezas y jugar al billar, con la única preocupación de si vas a lisas o a rayadas. No hay un “¿y mañana qué?” o “la próxima semana deadline”.

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¡Qué estilazo!

Caminata hasta la cima de un pequeño monte donde se ve todo el pueblo y se puede ver la enormidad del desierto que nos rodea. Largas charlas en el terraza del tejado con los suecos, el californiano y el australiano cuando empieza a caer la noche. Consejos de nuestros amigos Nuria e Ilka que nos hacen cambiar la ruta y nos demuestran algunos sitios imprescindibles que debemos visitar. Baño en la piscina de un hotel intercambiando información con dos catalanas simpatiquísimas. Puestas de sol que te hacen perderte en tus pensamientos. Calles estrechas llenas de negociadores dispuestos a recibir regateos y a regalarte alguna que otra sonrisa. Niños con trucos bajo la manga que al final sólo quieren un chapati. Nos vamos de Pushkar, pero nos quedamos con esos recuerdos. Sin duda alguna, un buen lugar que ver.

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La cabra tira al monte.
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Fiesta de chicas en la calle.
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2 respuestas a “Lisas o rayadas

  1. Chicos, me encantan vuestras experiencias. Me esperaba exactamente este tipo de relatos cuando me enteré de vuestro viaje. Aunque sigo a la espera de algún mal menor intestinal debido a tan deliciosas y fuertemente especiadas “street food delicatessen”.
    Como sugerencia, poned localizaciones, por ejemplo: posiciones GPS, mapa con chinchetas, ruta con fechas o algo así.
    PD: aunque estáis lejos del epicentro del terremoto, lo habéis sentido?

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    1. Gracias por los consejos Alberto. Tomamos nota. Aunque por estos lares la conexión a Internet va a pedales, a ver si somos capaces de currarnos algo para determinar el posicionamiento.
      Hemos sentido el terremoto, sí. Estamos al Norte de India, y es precisamente por la flexibilidad a la hora de viajar. Hemos cambiado la ruta un par de veces, y ya no tiene nada que ver con el itinerario marcado y que habíamos subido a la web.
      De todas formas intentaremos hacer algo.

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